H I S N A M E.jpg

FRAGMENTO

 

     Añado a la web un fragmento de "1988. Retrato robot de un asesino". No recuerdo cuándo escribí esas páginas, pero seguro que fue antes de los 30 años. Elegí esta imagen para ilustrar la portada digital porque se ve el rostro de un hombre joven mitad ensombrecido: así era mi personaje, en apariencia una persona de éxito. ¡Ahí va!

     Qué pijama llevas puesto. Son hilachas de tu pasado, retales de telas viejas, tu pijama es la descomposición que anida en tu interior, en tu fondo último, tu pijama es la sombra de ti mismo, es el sudor que te ha acompañado por la noche, que te acompaña por el día, tu pijama eres tú mismo, es un espejo donde ves tu rostro, y conforme van pasando los años es cada vez más pobre, está cada vez más desgastado, abriga cada vez menos. Y lo sabes. Intuyes que ese pedazo de ropa te conoce mejor que nadie, y por eso te apresuras a cambiarte, después de abrir la puerta de tu habitación te diriges al baño, y te despojas del pijama extrañamente invadido por una sensación de angustia. ¿No son pálpitos nerviosos lo que ha quedado adherido al pijama? ¿No son los restos de tu batalla nocturna, como trizas de un cadáver? El pijama es la sábana santa de tus desdichas, en él quedan las manchas de tus vómitos, la lujuria de tus fantasías, el pijama es la piel muerta que te pones todos los días, que vistes todas las noches, es una pieza inerte, maldita, y sin embargo, la conservas en el armario porque es tu confidente, porque sólo ella te conoce tan bien, y ninguna de las personas que te rodean ha sabido nunca la verdad. Eres un hombre afortunado de puertas para afuera. Eres el hombre afortunado de la empresa, el deseado de la ciudad. El que miente sin que nadie lo sepa o piensa que nadie lo sabe, pero es fácil leerte, amigo, bajo las sonrisas, bajo los ojos, hay textos escritos en lengua antigua y hay que saber verte, y traducirte, y olerte a distancia. El olfato tal vez sea el más agudo de los sentidos. 

DEDICATORIA - 1º medicina_page-0001.jpg

DEDICATORIA

 

       Esta anécdota sucedió exactamente igual al inicio de la clase que yo tenía que comisionar: la del Nervio Facial. La escribí y la dediqué al Dr. Sánchez del Campo. Pincha en la imagen si quieres enlazar con el texto.